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domingo, 21 de abril de 2013

Convierte plantas no comestibles en alimento

agricultura
Científicos del Virginia Tech consiguen transformar la celulosa en almidón, uno de los componentes más importantes de la dieta humana, lo que podría permitir alimentar a una población mundial que se espera alcance los nueve mil millones de personas en 2050. El hallazgo, liderado por Y.H. Percival Zhang, profesor de la Facultad de ciencias agrícolas y de la Facultad de ingeniería del Virginia Tech. El almidón es uno de los componentes más importantes de la dieta humana y proporciona entre un 20 y un 40% de nuestra ingesta calórica diaria, y Zhang ha logrado generar con este método un tipo de almidón llamado amilosa, que actúa como una buena fuente de fibra dietética. Con este nuevo método, aproximadamente un 30% de la celulosa de material vegetal no alimenticio (como rastrojo del maíz) puede ser transformado en amilosa. El método implica cascadas enzimáticas (reacciones químicas en las que los productos de una reacción se consumen en la siguiente reacción). Ha sido bautizado como biotransformación enzimática simultánea y fermentación microbiana (simultaneous enzymatic biotransformation and microbial fermentation). Ya hace 200 años, los cálculos determinaban que muy pronto no habría comida para todos. Entonces se descubrieron las propiedades de los inmensos depósitos de nitrógeno y fósforo que se habían acumulado durante siglos en las islas de las costas de Sudáfrica y Sudamérica, donde no hay lluvia que filtre los excrementos de los cormoranes, pingüinos y pájaros bobos. Este guano lo empleaban los agricultores como una suerte de fertilizante mágico, y entre 1840 y 1880, el nitrógeno de guano marcó una gran diferencia para la agricultura europea. Pero pronto se agotaron los mejores depósitos y el miedo a que no hubiera suficiente comida para todo el mundo empezó volvió a brotar entre los expertos. Entonces, Fritz Haber y Carl Bosch idearon un sistema para fabricar grandes cantidades de fertilizante de nitrógeno inorgánico a partir de vapor, metano y aire. Otros dos factores permitieron salvar a la humanidad del desastre: el motor de combustión interna (para fabricar tractores y no depender tanto de los caballos, para cuya alimentación eran necesarias muchas tierras exclusivas) y una nueva variedad de trigo vigorosa y resistente (“Marquis”), cruzando una planta del Himalaya con una americana que podía sobrevivir más al norte, en Canadá. Desde hace tiempo, pues, vivimos in extremis, pero también somos tal cantidad de personas que, entre nosotros, se generan muchas más ideas que nunca; montañas de innovación que, como el descubrimiento del Virginia Tech, permite que sigamos adelante.

domingo, 31 de marzo de 2013

El genoma del melocotón

peach
El rápido crecimiento de especies arbóreas como los álamos (Populus) o los sauces (Salix), las hace buenas candidatas para su cultivo como biocombustibles, del que se espera obtener un etanol de forma eficiente para dar combustibles con mayor contenido energético. La domesticación de estos cultivos requiere un profundo conocimiento en la fisiología y genética de las especies, por lo que los científicos están recurriendo a la búsqueda de pistas en árboles frutales, domesticados hace siglos. La relación entre un melocotón y un álamo puede no ser obvia a primera vista, pero ambas especies pertenecen al mismo clado de las fábidas (Fabidae), que incluye, no sólo los cultivos de frutas como manzanas, fresas, cerezas y almendras, sino otras muchas plantas. En la edición de Marzo de Nature Genetics, Schmutz y varios colegas que formaron parte de la International Peach Genome Initiative (IPGI), publicaron el genoma de la variedad Lovell del melocotón, Prunus persica. Para los investigadores en bioenergía, el tamaño del genoma del melocotón es idóneo como modelo para el estudio de genomas relacionados, tales como el álamo, y también para desarrollar métodos que mejoran el rendimiento de biomasa en plantas de biocombustible.

Secuencian el genoma del aye-aye

Por primera vez en la historia, un equipo de científicos ha secuenciado el genoma de doce individuos pertenecientes a tres poblaciones diferentes de aye-ayes (Daubentonia madagascarensis), un tipo de lemur que vive solamente en la isla de Madagascar y que es considerado uno de los animales más extraños y fascinantes del mundo. Usa un diente incisivo, que se encuentra en continuo crecimiento, para carcomer la corteza de árboles muertos. Y a continuación se ayuda de un dedo fino y flexible para extraer del interior de la madera larva de los insectos, que es su principal alimento. Por lo tanto, este mamífero compite con los pájaros carpinteros por la comida. Es de hábitos nocturnos y bastante solitario, lo que habitualmente complica su estudio en libertad. Los nuevos análisis realizados su ADN, publicados en la revista PNAS, revelan que las poblaciones humanas africanas y europeas actuales presentan una distancia genética inferior a la que existe hoy entre las poblaciones es de aye-ayes del norte y del este de Madagascar. Los investigadores sugieren que ambos grupos de lémures se separaron aproximadamente hace 2.300 años, más o menos cuando los humanos colonizaron la isla. Se espera que estas investigaciones acerca del aye-aye contribuyan a la conservación de esta especie y de su biodiversidad, especialmente en estos momentos en que la destrucción de su hábitat en Madagascar se está produciendo a un ritmo acelerado. Además de que el hecho de que los nativos le consideren al aye-aye un animal poseído por espíritus malignos – debido a su aspecto enfermizo, sus grandes orejas, su extraño dedo intermedio y sus ojos saltones – contribuyen a que se les de caza y se acelere su extinción.