
En realidad, el cañón, que ha sido horadado por el paso de corrientes de agua durante miles de años en un proceso llamado epigénesis, está compuesto por dos formaciones geológicas independientes: el Upper Antelope Canyon (Cañón del Antílope Superior) y el Lower Antelope Canyon (Cañón del Antílope inferior). Aunque también los llaman de forma más ininteligible como Crack y Tirabuzón (Cork screw, en inglés), respectivamente.
Tiene una longitud total de 400 metros. Sus paredes, esculpidas en la arenisca, tienen en algunos puntos hasta 40 metros de altura y recuerdan, gracias a las condiciones lumínicas, a esos relojes de arena que venden en los bazares, cuyos granos de arena, de diversos tonos de marrón, forman dibujos y estratos diferenciados. Las rocas, de lejos, parecen de cartón piedra. No es extraño, pues, que en cualquier visita guiada os encontréis con más de un fotógrafo profesional dispuesto a inmortalizar el efecto para las revistas y las postales. Porque en las 4 estaciones del año, debido a la entrada de luz a través de las grietas de las rocas rojizas, las tonalidades cambian, como en un océano; incluso en un mismo día, la configuración de colores puede ser alterada en función del ángulo de visión en el que situemos la cámara, o nuestros ojos, dándole al lugar cierto aire de caleidoscopio natural.
Fuente: http://www.xatakaciencia.com
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