domingo, 21 de abril de 2013

300.000 personas sonándose la nariz

desembarco de enfermos
En el ámbito penitenciario, también alguien puede simular una enfermedad para acudir a la enfermería (quién sabe, quizá para urdir un plan de escape). Pero una de las simulaciones de enfermedad más importantes de la historia (por la cantidad de personas que involucradas de ella, así como por las consecuencias históricas) fue la llevada a cabo durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, fue una campaña en particular la que enseñaba a los soldados y obreros alemanes, y a los de otras nacionalidades, cómo engañar a los médicos para que les dieran una baja por enfermedad. Gregorio Doval introduce más ejemplos de simulaciones de enfermedad en plena Segunda Guerra Mundial, concretamente en julio de 1944, en su libro Fraudes, engaños y timos de la historia Estos manuales de instrucciones servían para ilustrar a la gente no sólo en cómo debían fingir las enfermedades, es decir, sus síntomas más característicos, sino también cómo debían comportarse frente al médico: por ejemplo, no explicitando al médico que se está enfermo o los síntomas que se sufre, sino dejando que sea el propio médico el que lo descubra, ya sea mediante exploración como a través preguntas. De este modo se pretendía evitar que el médico en funciones pudiera desconfiar. Lo más irónico, sin embargo, es que esta campaña de simulación de enfermedades también pretendía que los médicos siempre tuvieran la mosca detrás de la oreja, es decir, que desconfiaran por sistema de cualquier persona que afirmara estar enfermo. De esta manera, para evitar equivocaciones o engaños, probablemente el médico dictaminaría que una persona no está enferma cuando realmente lo está, sencillamente porque sus síntomas no son lo demasiado evidentes o porque su comportamiento parece delatar cierto engaño. En consecuencia, muchas personas enfermas realmente eran mandados de vuelta al servicio activo, propagando así enfermedades contagiosas, y fomentando el descontento general.

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