domingo, 4 de noviembre de 2012

Huele a miedo.


Que los animales olisquean el pavor de una presa o de un congénere es algo que los zoólogos han constado, aunque aún desconocen qué efluvios corporales informan sobre esta circunstancia. En la universidad, por ejemplo, los profesores de Biología saben que las ratas reaccionan de forma distinta cuando son sacrificadas por ellos o por los alumnos noveles, que muestran miedo y ansiedad. El sistema olfativo de las ratas, así como el de otros mamíferos, que está muchísimo más desarrollado que el nuestro, captaría los "restos" de hormonas liberadas durante el estrés.

Este detector del pánico podría existir también en el ser humano, aunque sería menos sensible. De este modo opina Denise Chen, psicóloga de la Universidad Rice de Houston, en EE UU. Chen y su equipo sometieron a un grupo de voluntarios a una primera prueba en la que, durante una sesión de películas de terror, recogieron con gasas el sudor de sus axilas. En una segunda fase, los conejillos de indias debían responder a una serie de preguntas mientras olfateaban aleatoriamente las gasas impregnadas en el humor axilar con otras humedecidas en otros aromas. El resultado fue que las respuestas eran más rápidas y efectivas bajo el efecto del hedor a miedo.

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